[Columna] Ataques en la ruta: La gran deuda pendiente del transporte de carga

Columna de Opinión

 

 

Por Eduardo Segovia, CEO y fundador de la red de transporte de carga Rocktruck

 

 

Hace unos días se conmemoró en nuestro país el Día del Camionero, una fecha que, dados los últimos acontecimientos que rodean al sector del transporte de carga, va mucho más allá de ser una efeméride más.

 

 

El emergente crecimiento del e-commerce para satisfacer las necesidades de consumo de la ciudadanía, ha convertido a este oficio y sus trabajadores en una pieza fundamental no sólo para la continuidad del ciclo económico en medio de la pandemia, sino que además para el funcionamiento de grandes empresas y pymes que han tenido que adaptarse al traslado remoto de sus productos de norte a sur. Es justamente este último hecho el que ha generado una notoria sobre exigencia para los operadores del transporte de carga, los que han debido redoblar sus esfuerzos para adaptarse a niveles de demanda nunca antes vistos en medio de un escenario complejo y riesgoso, dados los altos índices de siniestros, robos y atracos que a diario sufren los transportistas en sus rutas.

 

 

Las cifras son elocuentes. De acuerdo a registros de la Policía de Investigaciones, sólo en lo que va del año, los robos a camiones que operan como transporte de carga han crecido en todo el país, siendo liderados por la Región Metropolitana con 111 hechos delictivos, lo que corresponde a un 32,9% de los casos, La Araucanía, con 56 y un 16,6%, y la Región de Valparaíso con 21 con un 9,2% del total. Las indagatorias revelan más detalles en la evolución de los modus operandi de los delincuentes. Se trata de bandas más numerosas, de entre 25 y 30 personas, que cuentan con un mayor nivel de organización y sofisticación, con estructuras jerárquicas, definición de roles y funciones, además de un alto poder de fuego, detectándose incluso en varios casos, la utilización de fusiles de asalto y subametralladoras. En tanto, se ha descubierto que el tipo de mercaderías sustraídas se relaciona directamente con el territorio en que se cometen los delitos.

 

 

No obstante, está a la vista que, aun contando con datos concretos respecto a estos ilícitos, las fuerzas de seguridad no han logrado detener estos ataques diarios, como se puede comprobar cotidianamente en las publicaciones de los distintos medios de comunicación del país, y las graves consecuencias que estos hechos generan tanto para el transportista como para sus familias y entorno más cercano, algunos de ellos incluso debiendo desistir de sus labores, viendo mermados sus ingresos y estabilidad económica.

 

 

Ante un panorama así de claro y desfavorable, las autoridades sí se han inquietado y han desglosado medidas preventivas. El Gobierno, a través del Ministerio del Interior, ha hecho presente múltiples recomendaciones a los actores que confluyen en el sector del transporte de carga terrestre y logística, como el hecho de capacitar a los conductores y operarios en temas de seguridad en ruta, estimular el manejo defensivo y la operación de equipos de seguridad en ambientes de alto riesgo. Al mismo tiempo, sugieren establecer redes de apoyo y capacitación permanente, planificar los viajes antes de comenzar el recorrido con información de la ruta, lugares de estacionamiento y áreas de descanso, organizar viajes en caravanas por carreteras riesgosas, implementar sistemas para monitorear los vehículos con rapidez. También exponen la necesidad de utilizar sellos y candados de alta calidad, incorporar bloqueos para asegurar los vehículos y sus cargas, indicar la patente en la cubierta o techo para ayudar a las policías a identificarlos en caso de robo, tener presente previo al viaje zonas seguras en la ruta y dirigirse a ellas en caso de advertir situaciones de peligro, evitar detenerse en lugares potencialmente inseguros, como bermas o costados de las carreteras y mantener actitud de alerta ante vehículos que parezcan sospechosos,  entre varias otras acciones.

 

 

Sin embargo, todo lo anterior queda en letra muerta si no somos las propias empresas del rubro las que asumimos decididamente el protagonismo activo en cuanto a implementar estas políticas preventivas.

 

 

Un avance es adoptar actitudes y comportamientos de prevención, pero lo que realmente puede marcar la diferencia, es que sean los privados quienes decidan re distribuir los recursos y ganancias, para asignarlos a su propia gente, lo que ayudaría a revertir este complejo escenario.

 

 

En la actualidad el camionero es un “profesional del transporte “, y como tal, merece contar con las protecciones pertinentes para cumplir con sus funciones a diario. Para ello, resulta imprescindible que las compañías destinemos una porción importante de nuestras inversiones en ítems como seguros de vida y de accidente, contratos de trabajo formales, así como también contar con mayor flexibilidad en los horarios de trabajo, priorizando horarios diurnos para zonas detectadas como conflictivas.

 

 

Estas y otras acciones similares de resguardo, nos han permitido elevar nuestros estándares de servicio, al contar con colaboradores que se sientan valorados y protegidos, en especial cuando constatan que sus empleadores aplican medidas que van en directa protección de sus vidas. Es por eso que consideramos oportuno contagiar al resto de las empresas a poner el énfasis de sus operaciones no solo en optimizar los tiempos de despacho o la calidad de las entregas, sino muy especialmente a privilegiar un ecosistema virtuoso que vaya en beneficio directo del capital humano, que son nuestros colaboradores.

 

 

 

 

 

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