Opinión: ¿Las empresas saben qué hacer cuando cierra el Paso Libertadores?

Por Matías Bearwald, CEO de Greenwish Cargo y especialista en Global Logistics

 

 

El problema no es que cierre Los Libertadores, sino que tantas empresas no sepan qué hacer cuando ocurre

 

 

En logística internacional hay una frase que debería preocuparnos mucho más de lo que lo hace: “No estaba previsto”. El cierre del paso Los Libertadores por condiciones climáticas no es una sorpresa. Puede ser difícil de anticipar en su duración y magnitud, pero el riesgo existe todos los años. Lo verdaderamente preocupante es que todavía haya empresas que reaccionen cuando el problema ya ocurrió, en lugar de tener previamente definido qué harán cuando una ruta crítica quede fuera de operación.

 

 

Los Libertadores no es un paso fronterizo más. Es la principal conexión terrestre de Chile con el Mercosur y moviliza más de 4,3 millones de toneladas y más de 1,5 millones de personas al año, según la Dirección General de Concesiones del MOP.

 

 

Por eso, cuando se cierra, no se detiene solamente un flujo de camiones. Se empieza a mover todo lo que viene detrás. Una carga que no llega puede alterar una producción, retrasar una entrega, dejar una bodega esperando, modificar una distribución e incluso generar incumplimientos con un cliente. Y mientras más días pasan, más se acumulan los efectos.

 

 

Las cifras ayudan a entender la dimensión del problema. Durante 2025, las cargas que ingresaron a Chile por Los Libertadores representaron operaciones por US$7.050 millones, de acuerdo con Subrei. Entonces, ¿de verdad podemos seguir hablando de estos episodios como simples “problemas de transporte”? Creo que no.

 

 

El error está en mirar la logística solamente desde el precio del flete y el tiempo estimado de llegada. Una ruta barata deja de ser eficiente cuando una contingencia la vuelve inutilizable.

 

 

Y tener una ruta alternativa tampoco significa simplemente buscar otro paso en el mapa. Jama, Pino Hachado o Cardenal Samoré pueden transformarse en opciones, pero cada una tiene distintas distancias, capacidades, condiciones de tránsito y costos. Si todos necesitan utilizarlas al mismo tiempo, además, esa alternativa puede saturarse. Ahí aparece una palabra que todavía no ocupa el lugar que debería en las decisiones empresariales: resiliencia.

 

 

Una operación logística bien diseñada no es aquella que funciona perfectamente cuando todo sale según lo planificado. Es aquella que tiene capacidad para seguir funcionando cuando algo falla.

 

 

Después de un cierre prolongado tampoco existe un “botón de normalización”. Los camiones acumulados durante la interrupción se suman a los nuevos embarques y pueden generar una congestión adicional cuando la ruta vuelve a operar.

 

 

Por eso, para las empresas que importan o exportan, la pregunta ya no debería ser solamente cuánto cuesta traer una carga, sino: ¿Qué pasa con mi negocio si mañana esta ruta deja de existir durante una semana, dos semanas o un mes? Si la respuesta es “no lo sé”, probablemente el problema no esté en Los Libertadores, sino en nuestra planificación.

 

 

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