Así cambian las necesidades empresariales de movilidad en Chile
La diversidad geográfica y productiva del país obliga a las compañías a replantear la forma en que gestionan sus flotas. Hoy, la continuidad operacional depende de soluciones adaptadas a cada territorio, desde las faenas mineras del norte hasta la acuicultura de la zona austral.
Chile es uno de los pocos países donde una misma empresa puede enfrentar, en pocos días, temperaturas extremas en el desierto, largas rutas urbanas, caminos rurales o desplazamientos hacia zonas aisladas. Esa diversidad ha cambiado la manera en que las compañías entienden la movilidad corporativa, transformando la gestión de flotas en un elemento clave para mantener la continuidad de sus operaciones.
Las necesidades cambian según el territorio y la industria. En el norte, la minería exige vehículos preparados para recorrer grandes distancias y operar bajo altas temperaturas. En la zona central predominan sectores como telecomunicaciones, construcción, distribución y servicios, donde la disponibilidad y la rapidez de respuesta son fundamentales. En el sur y la zona austral, las lluvias, los caminos rurales y el aislamiento geográfico obligan a contar con vehículos adaptados a terrenos complejos y operaciones de industrias como la acuicultura.
“La conversación cambió por completo. Hoy las empresas ya no preguntan solamente qué vehículo necesitan, sino cómo asegurar que su operación siga funcionando incluso frente a condiciones adversas. Esa diferencia es la que está redefiniendo la movilidad empresarial”, explica Orlando Villalobos, gerente comercial de Gama Mobility.
En este escenario, la gestión de flotas ya no se limita a administrar vehículos. La planificación de mantenciones, la disponibilidad de reemplazos, el soporte regional y la incorporación de tecnologías como la telemetría permiten optimizar rutas, anticipar contingencias y reducir costos operacionales.
Al mismo tiempo, cada vez más empresas optan por externalizar la administración de sus flotas mediante leasing operativo, accediendo a vehículos, mantenimiento, seguros y soporte especializado sin destinar recursos a gestionar activos propios.
“El mayor desafío es entender que cada operación tiene una realidad distinta. La estrategia de movilidad debe construirse a partir del terreno, las distancias, los riesgos y los objetivos del cliente. Solo así la flota deja de ser un costo y se convierte en un verdadero apoyo para el negocio”, sostiene Villalobos.
La tendencia apunta a una industria avanza hacia una movilidad cada vez más digital, con mayor uso de datos para la toma de decisiones, soluciones diferenciadas según cada sector productivo y una incorporación gradual de vehículos eléctricos donde las condiciones operacionales lo permitan.
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